domingo, 21 de febrero de 2016

Humo y máscaras

No hay sitio hoy para rimas porque la cruda realidad no siempre puede ser embellecida.
Y hoy es uno es de esos días agridulces en los que siento el vacío certero de la estupidez humada:
 
Huyendo de la soledad nos encontramos, para ir separándonos ante el primer atisbo de defecto,
Y de esta forma el círculo se acorta, cada vez más, y volvemos al retorno que se creyó atrás.

Y las puñaladas se hacen presentes, mientras las palabras de ayuda y consejo se esconden para evitar mayores daños... disculpa que dude. Desde años atrás he visto como por competencia se pisaban los unos a los otros. ¿Amistad para qué? Total, somos personas que coincidimos en un lugar nuevo y aunque en otro ámbito no conectaríamos, aquí lo hacemos por evitar la soledad, mientras con la otra mano manejamos las cosas para "ayudar", arrebatando lo que una persona nueva quiso. 

Cada uno escribe su historia sólo, esa es la pura verdad. Y quien se ofrezca a ayudarte para luego dejarte en la estacada con la maleta en la calle, duda. Y si lo hace más de una vez, duda otra vez.
Pero la imbecilidad humana es genética, y algunos volvemos a caer en las mismas trampas.

Y volvemos a guiarnos por el código de "todo va bien" mientras rrumiamos pensándo para nosotros que lo mejor es dejar todo claro, pero no todo el mundo actúa así. Y versiones siempre serán dos, y perdedor solo habrá uno.

Acabaremos de nuevo por aceptar que nadie nos entiende, y que tal vez sea mejor buscar en otro lugar y empezar de cero, ya que aquí no encajamos o nos asquea lo encontrado.

No somos más que desconocidas que juegan a estar unidas ante la soledad mientras sueltas espumarajos por la boca acerca de alguien a quien antes guiaron y crearon planes para todo. Pan para ayer, hambre para hoy. No desearé el mal a nadie, aunque ellos lo hagan, y prefiero ser "muy buena" a ser una mutable de dudosa confianza.

Dicho esto, tengan ustedes bonita estancia, que aún resta.