domingo, 9 de febrero de 2014

Los sueños son para los ilusos



Opiniones externas, afirmaciones que molestan, que niegan tu individualidad a cada movimiento, que te supeditan a una sombra que creen te va moviendo cuan marioneta inmersa en una nube de dulzura a ratos y gestos atrayentes.

Sabes que no es como otras veces, crees que es como debe ser, hasta que reparas en comparaciones, en detalles ya no exclusivos. En planes para todos y todas excepto para ambos.

Pero hay negación, tiene que haberla ante cualquier gesto que lo desmienta. Es tan difícil decantarse por un punto de vista concreto al tenerlos tan dispersos que te conviertes en el mensajero del diablo, albergando odios y rencores encontrados, mecida al viento como una hoja marchita y obviando el presente entre lágrimas de miedo.

Respeto no, no temas decirlo: MIEDO. No sabes de donde ha nacido, quien lo ha originado, y que sepan darle motivos le da alas. Que te supedites por él le da alas a lo desconocido, al "quizás", a las mil y una cosas que ahora deseas que no hubieran pasado. Llegas a plantearte si te has dejado moldear o has sido tú la que quería ser diferente, no sabes si por ti misma. Todo empezó siendo extraño. Nada que perder, nada que temer, una seguridad que se fue minando en altibajos. Y ahora que parece todo estar perfecto salen de nuevo conclusiones externas que destruyen tu castillo de naipes. ¿No lo quieres ver o no lo puedes ver? ¿No existe o no quieres creer?

Y así sucesivamente se llega a un rincón sin salida en el que por miedo a la inmersión sales de la habitación rápidamente. Esa sala de recónditos pensamientos en los que nunca quisiste navegar. Siempre dejaste el conocerte para otro momento, la vida era demasiado rápida. Y ahora que intuyes cómo eres, no te crees capaz de cambiarlo. Ya lo hiciste una vez, sin resorte. ¿Diferencia? Puede que esta vez sí haya algo que perder. Algo a lo que se le ha otorgado tanto valor y admiración que si fuese robado podría ser la ruina para esta burguesa amante del buen vivir. Soportando hasta cierto punto los desaires por un buen momento al final. Esperando que llegue mientras te adornas para ese fin.

Soñando sin querer soñar. "No lo gafes". Mirando más allá sin deber mirar. "No es bueno hacer planes". Y todo lo que no se debe mostrar se dedica al desaire, al júbilo de compañías nuevas. Ni siquiera en ese momento puedes mover ficha, tal vez estés equivocada y seas injusta. Moldeada a tu imagen y semejanza para ser una más de ese montón que espera su turno para hacer el papel de amiga.

No sería lo mismo con más contrincantes en este baile de máscaras.





_Mey_


Inspiración: "El Gran Gatsby"