domingo, 23 de noviembre de 2008

Pesadilla en una noche de verano

Aún lo recuerdo…

Los pasos borraban el silencio en las calles, el humo en exceso contaminaba los pulmones acostumbrados a ello, antaño respiraban tan solo aire… y ahora se movían entre miles de cuerpos inquietos por llegar lo antes posible a su destino. Sorteando peatones que se convierten en obstáculos fugaces y repetitivos, imprecando sin descanso a los paseantes tranquilos.

Y todo terminó en un segundo…

Los edificios cayeron sobre nosotros como si hubieran cobrado vida y con ella la venganza de un maltrato. Y las farolas se tornaron troncos de árboles con peligro de caída y muerte a su paso. Más caos que lo que antes parecía caótico, ahora entiendo que estaba controlado… más gritos que los que antes me perturbaban mi música personal, sólo que antes no eran de pánico absoluto.

Y la marea me trago por un momento…

Y cuando conseguí salir de entre todo ello no había más que polvo. Todo se tornó incoloro siendo mediodía, y desmadejado, sin alegría, sin voces ni caminantes lentos o apresurados… pues la calle no existía, se había evaporado. Todo lo que hace un momento había odiado, increpado… había desaparecido junto con mi irritación, tornada ahora en impotencia. Podía imaginar claramente el vasto terreno arrasado lleno de tumbas imaginarias, lechos para los infortunados que osaron salir a pasear…en un día plácido de verano…











Siempre es mejor el ruido sano, que el silencio de muerte.

¿Porque no aprovechar el día alegremente? Al fin y al cabo, cuando pasa una tragedia lo rememoras melancólicamente...






_Mey_