sábado, 30 de mayo de 2009

Uniones

Siempre fuí una persona de imágenes, aquellas enmarcan miles de emociones y se internan en la mente mucho más hondo que unas palabras. Imágenes en movimiento o no, nos dicen algo y ese algo se queda reposando a nuestro lado hasta que ya somos demasiado maduros para olvidarnos de él. A veces necesitamos esas imágenes-muestra de pequeños y buenos momentos para convenvernos de que el conjunto que nos rodea y aprisiona merece la pena.
Supongo que por tales detalles adoro tanto la película de Amelie y su música junto con toda la que rodea a su creador. (La estoy escuchando y es lo que tiene)
El caso es que esas imágenes, al hablar por sí solas a quien sepa escucharlas, cuentan una historia. Y eso es lo que me trae hoy aquí:
En ocasiones estas manos necesitaron ayuda en su desamparo. En diversos momentos se vieron muertas si no podían hacerlas refulgir con unas buenas notas de piano. Sin música no eran nada excepto meros trozos de carne cruda.
En diversos momentos hubo manos que otorgaron la paz o el tormento a otras con su liderazgo. Supieron solventar su propia situación y se atrevieron con las ajenas.
Su llave era el control, el poder, las ganas de ser más que el miedo que sentían a perderlo todo. Y no podían ser nada si no supervisaban los pasos de otro.

Y así es como se acaban uniendo dos almas desdichadas con intereses distintos, pero que una vez juntas tienen un sentido en sus existencias, a pesar de rozarse en ocasiones con sus sueños enfrentados o sus días apesadumbrados.
En malas condiciones se fueron a conocer pero el caso es que ahora no podían hacer nada por proseguir un camino en solitario. Los sueños estaban más cercanos con la presencia conjunta de más pares de manos para alcanzarlas. Ella podría llegar a soñar que tocaba en un concierto musical, El tal vez llegara a comandar una lucha contra el poder corrupto.
El caso es que el paso que necesitaban, aunque no lo supieran del todo, estaba en el otro.
Pero lo que no sabían es que esa dependencia mísera, al igual que dos parásitos sedientos de sangre y calor solar para sobrevivir, podía acarrearles su destrucción final de manos de otras manos que buscaban un lugar en el espacio que pudieran dejar libre en el caso de las venas que en su día fueron fuertes para unirles, se rompieran sin remedio.
Y cuando ese día llegara, las tornas tal vez cambiaran, ya no habría música, ya no habría aplausos, ya no existiría una plebe esperando el ánimo en una manifestación pacifista. Ya no habría cambio, puesto que el cambio habría sido reservado desde fuera...


Un saludo! ;)
_Mey_