martes, 16 de junio de 2009

Las palabras que hablan por tí


De hombre a hombre


Debes aprender a brillar

en el punto ciego de sus ojos;
aquél que aún no sabe
si podrá llegar a verte
como parte de su vida.

También a vencer en cada guerra muda
que pueda librar contra sí misma
cuando las dudas carguen contra tí.



Hazle recordar aquellas noches
aún cosidas al Sol
por las primeras sombras embrionarias,
ténuemente cromadas
por añiles marinados y negros celestiales,
en esas horas en las que cuidabas de su piel
entre tu aliento,
ahogados por un placer sulfúrico
que tronaba en vuestras almas...


Sabes que ella no podría irse aunque quisiera,
y que tú no podrías tomar un desvío
lejos del camino trazado por sus curvas.


Sólo tiene miedo de sí misma,
a sentirse acorralada por su mente,
a mirarse en el espejo y ver que ya no está,
a que el futuro sea una baraja de cartas agrietadas.

Tiene que saber que, si llegan malos tiempos,
tú la escudarás entre tus labios;
que la enseñarás a destellar sobre lo adverso
con la fuerza explosiva de tu alma.



Así que confía un poco en ella,
en ésta al menos sí,
que fue quien se mantuvo cerca
cuando casi enloqueciste por los golpes de la vida;
cuando creías que hasta el viento te mordía,
quien te apoyó para poder arrancarle las alas
y remontar la vida junto a ella.
Porque tampoco eres perfecto.


Considérala como esa redención angélica
que se dejaron en la trastienda del Edén.


Si yo fuera tú, colgaría su retrato de las nubes,
no dudaría en buscar las coordenadas
que me devuelvan su sonrisa.
Cread el universo desde cero,
sacad aquellas emociones de la cárcel,
retomad un poco el punto quinceañero...


Sólo te pido que luches
como ella hizo por tí en su día,
porque más vale tropezar cien veces entre dos
y poder al menos sujetarse al consuelo de sus brazos,
que caminar por la vida de la mano de nadie,
terminar resbalando en tu propia soledad,
y, quizá, rompiéndote los dientes.














©The Watcher In Your Mirror (2009)